viernes, 25 de marzo de 2016

ÓRBITA MORTAL

Colección ALIEN SPACE.


Ebook  de 73 páginas.
A la venta en 
Amazon por 0,99 euros.
(Una novela incluida en la colección: Alien Space)



FANTASÍA / CIENCIA FICCIÓN.

SINOPSIS:
Novela corta de ciencia ficción, space opera ambientada en un futuro cercano que nos invita a entrar en un mundo ficticio, donde la realidad y la fantasía se alternan para describirnos posibles escenarios futuros.

Encerrados en una gigantesca nave, perdidos en las inmensidades del universo, los miembros del turno 38 deberán aplicar todas sus capacidades deductivas para resolver un extraño misterio.


COMIENZA A LEER LOS PRIMEROS CAPÍTULOS:





ÓRBITA MORTAL:
Asesinato en el turno 38

CAPÍTULO 1: XENA


De pronto se hizo la luz. Poco a poco comenzaron a fluir los pensamientos en mi mente. Pensamientos espesos, lentos, carentes de sentido. No sé cuanto tardé en tener conciencia de mi misma, pudieron pasar segundos o quizás horas.
Aún tardé más en sentir la cabeza, tenía los ojos cerrados y sin embargo la luz era cegadora. La boca estaba reseca, la lengua áspera y entumecida. No podía mover los brazos, las piernas ni las manos. Recuerdo que fue la lengua, precisamente, lo primero que moví; algo rasposo rozó mi paladar y sentí dolor.
Quizás aquel dolor fue como el que siente el neonato al salir del útero materno. Una señal del mundo, indicándote que estás viva.
Continué bastante tiempo allí tumbada, en la unidad de vida asistida. Negándome, inconscientemente, a mover un solo músculo, a volver a la vida, a volver al dolor. Mi mente comenzó a despejarse, recordé donde estaba. Recordé el proyecto "Disper­sión”.
***
El ambicioso proyecto pretendía extender la vida terrestre al resto de la galaxia. Lanzar semillas de vida al espacio. La humanidad tenía esa deuda pendiente con la maltrecha biosfera terrestre. Gaia había apostado muy fuerte por el hombre; el hijo mimado, que casi había destruido la única vida conocida, estaba destinado a extenderla fuera de la Tierra.
"Arca de Noé I" era la primera semilla. La enorme nave fue construida a doscientos mil kilómetros de Júpiter.
Las presiones de los movimientos ecologistas y humanistas consiguieron, a finales del siglo XXIII, que la Confederación se embarcase en una empresa multimillonaria que no iba a producir beneficios a corto ni a largo plazo.
La nave se cargó con embriones y huevos de miles de especies animales, con millones de semillas y, por supuesto, con una dota­ción humana compuesta por trescientas personas de ambos sexos y varios miles de embriones que asegurarían una buena dispersión genética.
Finalmente el "Arca de Noé I" partió hacia el espacio, hacia Centauria, el segundo planeta de Alfa Centauri A, nuestra estrella más próxima. Un planeta con vida microbiana en sus mares, dotado de oxígeno en su atmósfera y con temperaturas bastante aceptables en su zona ecuatorial. En cien años alcanzaríamos nuestro destino.
Ahora la nave surcaba un infinito océano de estrellas, a años luz del Sol y también de nuestro destino, sólo las luces lejanas de la galaxia nos acompañaban en el silencioso viaje. A nuestro alrededor únicamente estaba el vacío; millones y millones de kilómetros de vacío casi perfecto en cualquier dirección. Era la soledad perfecta, con mayúsculas, lo más parecido a flotar en el limbo. 
***
Cuando abrí los ojos apenas pude distinguir la cúpula abierta de mi unidad. Todo estaba en penumbra, pero a pesar de la oscuridad tuve que permanecer largo rato con los ojos semicerrados, dolidos por la luz. En mi mano derecha encontré el mando para inclinar el lecho. Presioné levemente el aparato y lentamente la plataforma comenzó a incorporarme.
Mientras me erguía observé el número gravado en mi unidad: "X-38". Era la X de Xena, mi nombre y el número de mi turno, había llegado el momento. Desde la partida se habían sucedido treinta y siete turnos de dos años, y ahora nos tocaba al turno treinta y ocho. Eso significaba que hasta el momento todo había salido bien, ¿o no?
Debido a la pseudo gravedad de un cuarto de G, me sobrevino un leve mareo cuando me halle en posición semi vertical. Al enfo­car de nuevo la vista descubrí a mi derecha a Paul, mi Paul, tendido sobre la placa de su unidad. Él también me vio y me lanzó una sonrisa, una mueca, como diciendo "¡Hola!". Yo intenté sonreírle, no sé si lo conseguí. A pesar de su mal aspecto, lo vi guapo, con su rubia melena totalmente alborotada, algo más larga que cuando partimos, una barba  incipiente, los ojos cansados, pero la mirada alegre. “Te quiero” pensé, pero de momento me era imposible traducirlo a palabras.
Giré la cabeza dolorosamente, y pude echar un rápido vistazo a la sala de hibernación de nuestro turno. El resto del grupo también estaba despertando: Adelaida, la joven de bello rostro caoba intentaba sentarse sobre el lecho de su unidad de hibernación, mientras abría y cerraba la boca como si tuviera un gusto amargo, ella era la pareja de Philip, nuestro jefe de grupo. Mikel, un hombre huesudo y extremadamente delgado, pero con un rostro amable ya caminaba tambaleante hacia la unidad de Selma, su pareja, una rubia menuda y exuberante que yacía sobre su unidad, gesticulando y moviendo con torpeza los miembros. Philip ya se encontraba incorporado y caminaba hacia mí.
-Hola Xena, ¿Cómo estás? -Su voz sonó gangosa, yo intenté responder que bien, pero sólo logré emitir un gruñido.
Philip comprobó mis constantes vitales en la pantalla lateral de mi unidad. Acto seguido me comunicó que cuando pudiera me reuniese con él en la mesa de control y se encaminó hacia Paul.
A pesar de mi estado, no me fue difícil descubrir la gran inquietud que reflejaba el rostro de Philip. ¿Algo iba mal? No alcanzaba a adivinar que había fallado, pero sentía que algo horrible debía haber sucedido.
Reuní todas mis fuerzas y con los músculos agarrotados comencé a caminar hacia la mesa de control. Esta se hallaba en el otro extremo de la sala, más allá de las unidades de los turnos treinta y nueve y cuarenta. Di unos pasos tambaleantes y estuve a punto de caer, pero Paul me sujetó antes por detrás.
-Gracias.
Paul me rodeó con sus brazos y beso tiernamente mis labios resecos.
-Apóyate en mí. Ha sido una siesta muy larga, ¿no te parece? He estado setenta y seis años soñando contigo.
El humor de Paul me hizo sonreír: Nadie sueña durante la hibernación.
-Espero que no fuese una pesadilla -respondí.
Nos acercamos a la mesa, donde ya estaban sentados Philip y Adelaida. Nos incorporamos a la reunión casi al mismo tiempo que Selma y Mikel, quienes caminaban como zombis hacia nosotros. Philip esperó a que todos atendiéramos para comenzar a hablar.
-Antes de nada, enhorabuena a todos y bienvenidos al turno treinta y ocho del "Arca de Noé I". Según he comprobado llevamos setenta y seis años, tres meses y siete días de viaje.
-¡Bien! -Interrumpió Selma, y todos aprovechamos para felicitarnos. Philip permaneció impasible hasta que el silencio se hizo de nuevo, entonces continuó.
-Supongo que ya os habréis dado cuenta de que nadie ha venido a recibirnos. Los miembros del grupo treinta y siete no están aquí.
De pronto recordé qué era lo que no estaba saliendo según el programa: ¡El turno treinta y siete! ¿Dónde estaban? Deberían haber supervisado nuestra reanimación. El turno anterior siempre debía despertar al siguiente antes de volverse a hibernar.
Por la expresión de mis compañeros descubrí que no era la única que no había reparado en ello. Una fría tensión nos embargó a todos. Por primera vez tomé conciencia del dilatado lapso de tiempo que había transcurrido desde nuestra partida. ¿Qué había sucedido durante aquellos siete largos decenios? ¿Habrían cambiado las normas de sucesión?
Philip volvió a tomar la iniciativa, como jefe de grupo a él le competía decidir lo que debíamos hacer. 
-Creo que nuestra prioridad número uno es encontrar al grupo treinta y siete, y descubrir que ha pasado. Así que nos vamos a dividir en parejas. Xena y Paul, vais a ir a la sala de hibernación seis para comprobar "in situ" si el turno anterior está hibernado o despierto. Mikel y Selma, quiero que vayáis a la sala de comunicaciones y que comprobéis todos los mensajes enviados o recibidos desde ahora hasta cuando podáis. Adelaida y yo iremos al centro de control, revisaremos el cuaderno de bitácora y el estado general del sistema. Comprobad los intercomunicadores y dentro de dos horas nos reuniremos de nuevo en el comedor. ¿De acuerdo? Pues en marcha.
***
Diciendo esto Philip dio por concluida la reunión y se levantó de la mesa. Philip era, a sus treinta y tres años, el mayor de los componentes del grupo; un hombre alto y delgado, tenía el cabello negro y el rostro huesudo. No era atractivo, pero ya en el período de entrenamiento destacó como líder natural de nuestro pequeño grupo. Nadie dudó que él fuera el jefe de turno.
Al salir de la sala de hibernación las tres parejas nos dirigimos a diferentes pasillos para cumplir nuestra primera misión, que al contrario de lo que esperábamos, no era en absoluto rutinaria.
Paul y yo no tuvimos que recorrer un largo pasillo hasta llegar a la sala de hibernación número seis, donde se encontraban las unidades del turno treinta y siete. En el exterior de la sala un panel indicaba el estado de las unidades; todas desconectadas, en teoría no había nadie hibernando dentro de la sala. Para cerciorarnos de ello debíamos entrar, así que Paul comenzó a buscar los códigos de abertura de la puerta.
***
Los trescientos tripulantes del "Arca" estábamos empare­jados. La mayoría lo hicimos durante los años de formación y entrenamiento para la misión. Era un viaje sin retorno, para colonizar un nuevo mundo; comenzar una nueva vida. Se decidió que todos los tripulantes debían tener su pareja.
Al principio se especuló con la idea de enviar una tripulación compuesta únicamente por mujeres. Ciento cincuenta mujeres basta­rían para colonizar el nuevo planeta. Sería una primera gene­ración matriarcal que gestaría a la siguiente generación planetaria mediante una nutrida provisión de embriones y semen congelados.
Aunque la idea era muy atractiva; se mantenía el potencial reproductivo disminuyendo a la mitad el número de tripulantes, no se consideró apropiado un turno bianual con sólo tres personas, y se discutió mucho sobre los efectos psicológicos que podía producir en estas mujeres afrontar toda una vida sin parejas del otro sexo. Finalmente, una milagrosa inyección de dinero al proyecto inclinó la decisión hacia la alternativa de parejas.
Numerosos grupos feministas pusieron el grito en el cielo, increpando a la organización de machista y de atentar contra la libertad sexual, ya que durante la preselección no se admitió el concurso de gais o lesbianas. Así que todos los candidatos tuvimos que buscar nuestra pareja entre los miembros preseleccionados del otro sexo. Yo, personal­mente, no me sentí especialmente preocupada por el tema. Lo consideré algo superfluo.
Siempre he sido de carácter solitario. Durante mis años en la universidad no salí nunca con ningún chico, y aunque sea un tópico decirlo, oportunidades no me faltaron. El proyecto "Dispersión" era mi gran sueño; mi único sueño. Anhelaba la idea de llegar a un mundo nuevo, virgen, lejos de los tumultos, donde cada persona fuese importante, un lugar donde poder llevar a la vez una vida sosegada y emocionante; pero sobre todo libre. Sin normas sociales, sin leyes escritas, sin deberes impuestos, sin derechos adquiri­dos. Poder crear una sociedad diferente, exenta de injusticias. ¿Qué importancia tenía quien fuese mi pareja? Yo iba a tener hijos con él, pero también gestaría otros embriones seleccionados. Juntos trabajaríamos para educar y formar a todos ellos. ¿No era ese el deseo de todos los expedicionarios? ¿No pretendíamos crear una sociedad utópica? Donde todos fuésemos felices. Y si el matrimonio no funcionaba siempre podríamos deshacer nuestra unión libremente.
Conocí a Paul un año antes de la partida. Ya entonces me atrajo su aire soñador, su rostro ovalado y risueño. Siempre estaba bromeando, tenía la capacidad de hacer pequeños los grandes problemas. Trabajamos juntos casi todo el último año.
Debido a la afinidad de nuestras especialidades; él era licenciado en macroecología y yo en bioingeniería; y a nuestro origen común, ambos éramos terrícolas y del continente europeo, llegamos a congeniar bastante. Nació entre nosotros una amistad sincera. Nuestro trato era afable, pero él nunca se insinuó, o quizás yo no di pie a ello, debo reconocer que no soy una persona de trato fácil, además de que siempre he rehuido de los hombres. Así que me sorprendió bastante cuando un mes antes de la partida me pidió si quería ser su pareja:
-No podría pedírselo a nadie más –me dijo con una sonrisa en sus labios.
-Hay muchas chicas para elegir, y precisamente tú tienes candidatas de sobra –le contesté bajando la mirada.
-Xena –me dijo él cogiéndome las manos- mírame a los ojos y dime si no sientes algo especial por mí. Dime que me equivoco y que me he enamorado de la mujer errónea. Si es así, me alejaré de ti y no te molestaré más.
Estuve tentada a decirle “Sí, te has enamorado de una mujer que no sabrá corresponderte como mereces” pero mis manos temblaban entre las suyas, y su proximidad hacía que mi corazón latiera con fuerza.
-Sí –dije con voz apagada- sí, quiero ser tu pareja.
Cuando alcé la cara para mirarle, él aprovechó para besarme en los labios. Fue el beso más dulce de mi vida.
Por desgracia, aquel mes fue trepidante, de una actividad desenfrenada. Paul y yo no tuvimos muchos momentos de intimidad. La siguiente situación más apasionada que recuerdo fue el beso de despedida antes de hibernar. Estábamos emparejados, pero no habíamos consumado nuestra unión, todavía.
***
Setenta y seis años después Paul intentaba abrir la puerta de acceso de la sala 6-SVA (suspensión de vida asistida).
-Ya está -dijo mientras la puerta presurizada comenza­ba a abrirse. Ante nosotros apareció una estancia idéntica a la nuestra. Con treinta y tantas unidades debidamente numeradas.
Los seis compartimientos de los miembros del turno anterior estaban al final de la sala. Nos acercamos sigilosos hasta las cabinas, como temiendo despertar a los durmientes de su largo sueño.
Las unidades estaban cerradas. Al comprobar el estado de la primera vimos que indicaba "vacía". Hicimos un chequeo completo del sistema; la unidad parecía funcionar perfectamente y todos los datos indicaban que el sistema SVA no estaba en marcha.
Después de confirmar varias veces todos los datos, Paul y yo decimos abrir la cabina y hacer una última comprobación vi­sual.
Debo confesar que no estaba preparada para ver el horrible espectáculo que se escondía en su interior. La cúpula se retiró lentamente dejando al descubierto el lecho que esperábamos vacío. Pero, sobre él yacía el cuerpo calcinado de un hombre.
Grité. El espanto casi me hizo perder la recién recuperada conciencia. ¡Un cadáver! Y horriblemente quemado. ¿Qué había sucedido? ¿Quién lo había colocado allí? Multitud de preguntas asaltaron mi trastornada mente mientras me abrazaba estremecida a Paul.
Sentí latir su corazón con fuerza, pero sus palabras fueron sosegadas:
-Tranquila, ahora debemos comprobar las otras unidades.
Cuando ya me hube serenado un poco, realicé una primera ins­pección ocular del cadáver mientras Paul examinaba la siguiente cabina.
Se trataba de un hombre, por la inscripción en la cúpula podía suponerse que era Luther, bioquímico del turno anterior. Siempre y cuando aquel cuerpo correspondiese con la unidad. Era difícil asegurar si llevaba mucho tiempo muerto; la estanqueidad de la cámara de hibernación y la ausencia de microorganismos necrófagos en la nave podía ralentizar enormemente el ritmo de descomposición.
El cadáver presentaba múltiples heridas incisivas en todo el cuerpo, que rasgaban su uniforme por doquier; parecía que había sufrido los efectos mortíferos de una explosión. Deberíamos esperar a la autopsia posterior para saber con más certeza que le había sucedido al pobre desdichado. Paul me avisó que estaba a punto de abrir la segunda cabina.
Nos preparamos para lo peor. Y, efectivamente, encontramos un segundo cadáver en su interior.
Este pertenecía a una mujer joven y tenía varias heridas en el pecho. Sospechamos en seguida que había sido asesinada con un arma blanca.
Abatidos, continuamos nuestra macabra labor. Abrimos la tercera unidad, y apareció un tercer cadáver, después el cuarto, quinto y sexto: toda la tripulación del turno anterior  había muerto.
El sexto cadáver, Abraham según la inscripción, presentaba dos peculiaridades: Había muerto por asfixia; parecía un suicidio, a menos que alguien lo hubiese metido con vida en la unidad desconectada y luego la hubiese cerrado herméticamente. Además, tenía junto a él un dispositivo láser de información.
Paul cogió el dispositivo, y tras echar una última ojeada al improvisado cementerio, decidimos informar a nuestros compañeros:
-Hemos encontrado a los miembros del turno 37 –informó Paul por el intercomunicador.
-¿Dónde están? –Preguntó Philip- ¿Qué les…
-Están todos muertos –le interrumpió Paul- están dentro de las cabinas de hibernación.
Con la cámara de mi aparato enfoqué el macabro espectáculo, para que mis compañeros se hicieran una idea de la situación. Oí varios gritos apagados emitidos por Selma y Adelaida.
-Bien, vayamos todos inmediatamente al punto de reunión –ordenó Philip. Y ambos nos encaminamos hacia el comedor....DESCARGAR NOVELA COMPLETA EN AMAZON


2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Esta novela, junto a las otras dos de la colección ALIEN SPACE, las escribí a finales de los años ochenta (¡yo era jovencito!) y ahora las he recuperado para hacer esta colección. Por supuesto, tienen cierto aire clásico, no puede ser de otra manera, fueron escritas a mano (en la época de los primeros Commodore, ¡quién se acuerda!) por un joven lector de clásicos como Asimov y Bradbury. Yo las recuerdo con añoranza, y aquí las tenéis, con toda su simpleza, errores y encanto. Espero que os gusten.

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