Este relato negro lo escribí al revés; por eso empieza por "Fin". Si quieres conocer el título lee hasta el final... bueno, hasta el principio de la historia.
Ni fuimos felices ni
comimos perdices. Al final, la mujer que yo amaba me engañó. Se quedó con el
dinero y se fugó con el tipo guapo. ¿Os parece un buen desenlace? A mí no.
Aunque supongo que ella y el joven sí estarán satisfechos.
Mi abogado me ha
dicho que no cuente nada, que mi mejor defensa en el juicio será el silencio,
así que voy a desahogar mi ira e indignación en este diario secreto. Os puedo
confesar que Claudia —así se llama esa hembra desalmada—, es la culpable de
todo, no lo puedo demostrar, pero ella fue la inductora del crimen. Si es que
saquear parte de los activos de un gran banco se puede considerar un delito, sobre
todo si se trata de un banco español que durante años ha estado estafando a sus
clientes.
El plan fue cosa mía,
es cierto, pero yo solo lo hice para ganarme el favor de esa esplendida mujer
de la que me enamoré el primer día que fijó sus ojos en mí. También es innegable
que fui el ejecutor, la mano que movió los hilos. No podía ser de otra forma,
por mi profesión yo era el único de los tres que podía efectuar la operación
financiera.
Precisamente por ese
motivo se acercaron a mí. Debí de ser más perspicaz, sospechar la maquiavélica
artimaña de esos dos embaucadores. En mi defensa reitero que caí presa de los
encantos femeninos de Claudia. Sus hechizos nublaron mi visión, no habría advertido
ni a una estampida de elefantes entrando por la puerta de mi oficina aquella
mañana, cuando ella se presentó ante mí por primera vez.